MAPA DE Librerías de Viejo DE MÉXICO

Un proyecto colaborativo de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Cuajimalpa
División de Ciencias Sociales y Humanidades

Textos

Un mapa para todo el país

Sebastián Rivera Mir

A principios de la década de 1920, Gabriela Mistral organizó una serie de lecturas nocturnas en algunos poblados de la sierra poblana. Los maestros de la zona llegaban con sacrificio, a escuchar, comentar, leer, debatir. Los habitantes también participaban y la poetisa chilena se preguntaba por qué se había perdido la lectura como fiesta o como celebración. Estas veladas se repitieron en cada uno de los lugares visitados por Mistral a lo largo y ancho de México. Su objetivo era doble: convertir al libro en parte de la vida comunitaria y utilizar su posibilidad de circulación como un mecanismo para romper el centralismo citadino.

A grandes rasgos podríamos decir que las intenciones del presente Mapa de librerías de viejo de México son las mismas que motivaron a la escritora, y a muchos otros sujetos a lo largo del siglo XX. La inserción local y la descentralización continúan siendo temas pendientes, pese al esfuerzo no sólo de entidades gubernamentales, sino de una serie de agentes, escritores, libreros, editores, que trabajan cotidianamente para que los libros lleguen a la mayor cantidad de lugares posibles.

Las librerías de viejo a lo largo del país ocupan un sitio destacado dentro de estas iniciativas, permitiendo que ejemplares producidos en determinadas ciudades adquieran movimiento y puedan encontrarse a cientos de kilómetros de su lugar de origen. Esta labor de difusión y circulación ha requerido tanto de la constancia como de la creatividad de los implicados, en un país donde todas las encuestas señalan que se lee poco y mal.

En pos de colaborar con esta labor, y aprovechar las herramientas disponibles, la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Cuajimalpa, a través de la División de Ciencias Sociales y Humanidades, decidió emprender el desafío de construir esta plataforma participativa. Esperamos que esta propuesta sirva para acercar a los lectores con las librerías de viejo y de igual modo evidenciar que el mundo del libro en México no se reduce a un par de grandes ciudades.

Geografía de las librerías de viejo

Las experiencias de las librerías de viejo aparecen muchas veces contadas con un sonsonete de folclorismo, anquilosándolas en el pasado, como si fueran solamente museos polvorientos, dignos de visitar pero perdidos en el tiempo. Los relatos periodísticos han contribuido en buena medida a dar esta imagen, donde las librerías se asocian a palabras como “descubrir”, “nostalgia”, “desempolvar”, “tesoros”, “antigüedades”. Y si algo de eso tienen las librerías de viejo, no podemos reducirlas a ello. Al contrario, detrás de sus mostradores encontramos intentos por utilizar nuevas plataformas de venta, crear blogs, utilizar las redes sociales para la mercadotecnia, actualizar sus inventarios, crear comunidades virtuales.

En algunos casos las librerías de viejo, especialmente aquellas fuera de la Ciudad de México, se han transformado en centros culturales, con actividades musicales, con lecturas en voz alta, con charlas y conferencias, con creatividad y movimiento. En otros casos, coexiste la venta de libros con la publicación de sus propios productos. Esta triple función, librería, editorial y espacio cultural, no sólo contempla la labor de librero como una actividad comercial, sino que enfatiza su responsabilidad como gestor cultural en un sentido amplio.

Por supuesto, la mayoría de las librerías de viejo se asocian a la capital mexicana, el principal centro productor y consumidor de libros del país. Sin embargo, si observamos con detenimiento podemos comenzar a complejizar este mundo editorial. Las distintas ferias, como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara o la Feria Internacional del Libro Universitario realizada en Veracruz, pueden ser los pilares que nos ayuden en esta tarea. Pero esto sólo debiera ser el punto de partida. Lo cierto es que las librerías de viejo se han diseminado por una buena parte de la República Mexicana, desde la Librería El Grafógrafo en Tijuana hasta la Librerinto en San Cristóbal de las Casas, pasando por la librería de Rubén Hernández González en Oaxaca o La Maletilla en Aguascalientes.

Del libro en México

La historia del libro moderno en México comenzó prácticamente con la llegada de los españoles y las imprentas que instalaron en la Nueva España. Quizás por ello, el virreinato es el periodo que hasta el momento los historiadores han preferido para desarrollar sus investigaciones al respecto. De ese modo, sabemos por ejemplo que ya en 1541 había locales destinados a la venta de libros, que en el siglo XVII se instalaron las primeras tiendas con el nombre de librerías propiamente como tal y que la censura inquisitorial del siglo XVIII nos dejó un buen número de fuentes para el estudio de la comercialización de textos impresos, ya fueran folletos, pasquines, libelos o libros.

La aparición de la librería moderna, tal y como la conocemos actualmente, se dio de la mano con la expansión de la cultura letrada que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX. Alfabetización, adelantos tecnológicos, crecimiento urbano, expansión mercantil, estado docente, son algunos de los conceptos que merodean a esta nueva institución, que se expandió por Puebla, Cuernavaca, Guadalajara, entre otros lugares.

Quizás el de “educación” sea el que más nos ayude a comprender la dimensión espacial de las librerías de viejo. En buena medida, las sedes educativas son las que impulsaron su aparición y también su desaparición. Esto sucede en las ciudades con una amplia oferta universitaria, aunque no son los únicos lugares que han intervenido en la distribución espacial de las librerías, también otros elementos culturales, como las bibliotecas o la aparición de zonas de vida bohemia, son relevantes a la hora de comprender este proceso. Actualmente los centros históricos, ligados a la cultura y al turismo, podrían considerarse uno de los ejes en la historia de las librerías de viejo.

Lugares tradicionales: Donceles, Matamoros, López Cotilla

Entre las remembranzas sobre las librerías de viejo en la Ciudad de México un lugar central lo ocupa el antiguo mercado de El Volador. Aquí, a principios del siglo XX, se confundían los vendedores de libros usados con los de verduras, frutas y pulque. El libro se popularizaba mientras el país caminaba hacia una sociedad de masas y también de consumo cultural. Ubicado a un costado del Palacio Nacional, los estudiantes de la Universidad o los de la Escuela Nacional Preparatoria solían ir a regatear el precio de algún manual o de la novela predilecta. Eso sí, los días sábado el espacio de los libreros era ampliado más allá de sus puestos, ofreciendo incluso algunos incunables, saciando la voracidad de los bibliófilos. Con el tiempo, y las modificaciones urbanas, estos libreros poco a poco se fueron concentrando en la calle Donceles.

Los lugares donde encontrar los libros de viejo se fueron especializando. Por ejemplo, en la calle López Cotilla de Guadalajara y sus alrededores, hoy en día podemos encontrar cerca de una quincena de librerías. Lo mismo sucede en la calle Matamoros de Aguascalientes, donde los libreros ofrecen incluso ejemplares del siglo XVIII. En Querétaro, entre las calles de Ezequiel Montes y Pasteur, se han establecido siete librerías de viejo, algunas oriundas del lugar, otras instaladas por antiguos libreros de la Ciudad de México.

Un poco más sobre las librerías de viejo

Las iniciativas impulsadas por los libreros para dar a conocer su trabajo los han llevado a crear redes, blogs e incluso instancias educativas que les permitan salir de las historias anecdóticas de los periódicos y transformarse en actores culturales relevantes para el país.

Este es el caso por ejemplo del blog http://librerosmexicanosdeviejo.blogspot.mx/, el cual posee un directorio nacional de librerías de viejo y además una colección amplia de textos de interés para los propios libreros y para el público en general. Acá encontramos una amplia gama de enlaces con otras entidades y asociaciones, no sólo de México, sino de todo el continente.

Otra iniciativa importante es el Instituto de Desarrollo Profesional para Libreros (www.indeli.com.mx), donde se ofrecen cursos especializados, talleres y seminarios. Desde esta instancia se impula el Congreso de Libreros Mexicanos (Colime), que se propone ser una plataforma para el desarrollo de las librerías, especialmente en lo que se refiere a la incorporación de nuevas tecnologías y mejoras en la gestión.

Desde la investigación académica, el libro de Juana Zahar Vergara, Historia de las librerías de la ciudad de México, con ya varias ediciones, puede ser un primer acercamiento a una revisión general de la trayectoria de estas empresas. El Diccionario de literatura mexicana: siglo XX, coordinado por Armando Pereira, también nos puede ayudar a comenzar nuestra inmersión en este mundo. Pero aún más importante es considerar que este campo de trabajo en los últimos años ha comenzado a despegar, así que hoy nos encontramos con trabajos monográficos y tesis realizadas en distintos centros de estudios.